Anoche, en el frenesí alcohólico de una fiesta, en cierto hastío existencial, se me dió por hacer llamados insólitos a las 3 de la mañana. Conectarme con el sufrimiento. Primero llamé a mi amigo tan querido, que sé, la está pasando bastante mal y le volví a rogar que venga a Suárez, que acá se vive muy bien en el verano. Tengo miedo que termine de pirar y haga alguna boludez.
Después marqué el número de la superchica, un número exclusivo que nunca más había marcado. Como suele suceder en las novelitas televisivas, contestó. Y se hizo la boluda, hizo el papel de que no sabía quien la estaba llamando, como si el celular no lo dijera, como si ella fuera tan importante y yo tan poca cosa que ya no me recordara. Entonces simplemente le dije que era un fan anónimo, que no me conocía y que la quería saludar. Y le corté. Sentí que le estaba dando una lección. Pero después me arrepentí y me pregunté: ¿quien carajo soy yo para darle lecciones a nadie? Después de todo, se ve claramente que es una buena mina, sometida a demasiadas presiones, con la obligación de ser perfecta todo el tiempo.
Y finalmente tuve ese sueño recurrente de la adolescencia, donde deseaba que toda la vida fuera como una porno, donde no hace falta decir nada, simplemente te sacás la ropa y cogés. Y todo es amor universal. Después volví a la fiesta para que me siguieran histeriqueando un poco más y al final ya no me acuerdo más nada.
Versos tachados
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No todos los versos tachados
hablaban de vos
algunos buscaban sentido
creyendo saber lo que ha sido
morder el dolor
como si beber un vaso de arena
pu...
Hace 11 meses.

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