domingo, enero 11, 2026

BUDISMO A LA BARTOLA



Hace más de 2500 años en un pequeño reino de la India había un príncipe llamado Siddharta Gautama que tenía mujer e hijos y también un padre que lo quería de heredero en el trono.

Pero un día el príncipe sintió el llamado divino, la historia es bien conocida y no la voy a repetir.

Renunció a su familia, dinero, propiedades y trono lanzándose al camino con lo puesto y mendigando para poder comer.

 Hay que aclarar que, al menos en esa época, en la India eso era algo común: monjes, buscadores, ermitaños que vagaban por todos lados en busca de la verdad y la gente los respetaba y les daba de comer porque entendía perfectamente que esa es la máxima aspiración que puede tener un ser humano.

Hoy día una persona así acá, en la China o en la India es simplemente un vago, un parásito.

Un día Siddharta encontró lo que estaba buscando, despertó y a partir de ahí se lo conoció simplemente como el Buda (el despierto) y siguió vagando y mendigando pero ahora enseñando a otros como despertar.

Salvando las enormes distancias, yo no sentí el llamado divino sino que simplemente colapsé con una experiencia tántrica que no supe aprovechar y a partir de ahí uno queda con el estigma del loco, psiquiátrico, psicótico, esquizofrénico, discapacitado mental, etc.

Pero lo interesante de esta cuestión es que llevado al extremo que llegué, donde la ciencia se declaró impotente para curarme, fui guiado por la vida hacia el camino espiritual. Forzado también porque no quedaba otra: era eso o el corchazo.

Increíblemente mis padres aceptaron mantenerme, no necesité salir a la calle a mendigar, hace décadas que no tengo trabajo estable y que vengo profundizando en un camino donde mi familia me bancó. Obvio que mientras hacen manejos espurios con la ley y la herencia, pero bueno eso es lo de menos. Lo importante es que me regalaron la libertad de ser. Nada menos.

Lo que yo primero creí que era la maldición de la mal llamada enfermedad mental, se transformó en la bendición de encontrarle el sentido a mi vida. La mayoría no tiene ese aviso porque son neuróticos, tienen un grado de locura controlada que les permite seguir viviendo en la Matrix. En cambio el que es psicótico se ve forzado a reinventarse o terminar en un loquero.

Y así voy por la vida, viviendo meditativamente, célibe, austero, un monje sin religión, llevando este diario de viaje que me permite despuntar el vicio de la escritura y no mucho más

Una especie de budismo a la bartola.

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