En estos días se reflotaron en la red social X imágenes y videos de 1992 y el elenco de la tira televisiva La Banda del Golden Rocket, cuando éramos todos jóvenes y bellos, especialmente Araceli González.
Da la puta casualidad que yo estuve colado en la grabación de un capítulo de esa tira en Canal 13 y no podía dar crédito a mis ojos de lo que era Araceli y mucho menos entender porque le daba bola a Adrián Suar.
Un boludo con suerte, pensé pero ahora con el diario del lunes y después de ver su ultimo opus entiendo que ni boludo ni suertudo. Inteligencia, sentido del humor y arrojo.
Ya consolidada la famosa pareja juntan ahorros y los invierten en un proyecto loco de el: financiar una serie policial que se llamó Poliladrón. Y lo que vino después es bastante conocido.
Para esa misma época una uruguayita cruzó el charco y apareció como paquita de Xuxa para luego hacerse famosa con las tiras del famoso Canal 9 de Romay.
Estrellas pop, pensamos, van a durar lo que un suspiro.
En ese sentido pensé que Suar había encontrado en Valeria Bertucelli a su pareja ideal y en las comedias Un novio para mi mujer y Me casé con un boludo su techo artístico.
Me volví a equivocar.
Natalia Oreiro sorprendió haciendo comedias light pero también encarnando a Gilda y a Evita. Hace poco la vi sufrir como una magdalena en tremendos dramones como La mujer de la fila y La noche sin mi.
Y Suar subió la apuesta siempre, interactuando con grosos como Julio Chávez y Alfredo Casero en teatro, televisión y cine. No para, ya no lo hace por la fama y el dinero. Se ve que es lo que ama y no puede hacer otra cosa. Es un hombre de la industria mainstream en la mejor tradición de los judíos que crearon el Hollywood que traficaba películas de autor en productos masivos. Ya hace un par de años avisó dirigiendo y protagonizando una comedia drámática sacando los trapitos al sol de su propia familia y tradición religiosa. Y este año filmó a las órdenes de directores grosos como Ariel Winograd y el español Alex de la Iglesia.
Y ahora Yo, Narciso el reencuentro poderoso con la Oreiro, primera vez en cine. El como guionista, director y protagonista. La película argentina más vista del año. Las críticas fueron cautas: una comedia romántica simpática, nada del otro mundo.
Pero yo estoy loco y veo otra cosa. Protagónico brillante de la Oreiro como una socióloga lesbiana que quiere hacer un experimento para escribir un libro. Ella sería la buena. Y el malo: un cirujano plástico depredador y narciso con una familia y relaciones disfuncionales. Pero en algún momento los roles se invierten y la buena no es tan buena y el malo no es tan malo. De comedia romántica poco y nada. Es una reflexión feroz sobre el mundo en el que vivimos, donde se coge poco y nada y solo hay amor entre pares. Todos mienten, todos fingen, todos manipulan. Solo asoma al final un alivio en forma de amistad y compasión. Pero no hay culpa ni arrepentimiento judeocristiano. Muchos aciertos: el casting, las actuaciones, el montaje, los diálogos picantes, el ritmo vertiginoso pero no torpe, el director de orquesta generoso que es Suar, que juega en toda la cancha y deja lucirse a todos especialmente a su partenaire. La única mancha de tuco son los separadores hechos con IA totalmente innecesarios pero un semiólogo sobregirado hasta podría argumentar que también son irónicos cruces entre un mito clásico y la tecnología berreta.
En fin, la vida te da sorpresas y a veces hasta son brillantes como esta sofisticada obra maestra que te hace reír de lo extraña que es la vida.


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