martes, agosto 11, 2026

ESTRELLAS DEL UNDER PORTEÑO


 


Estuve viendo hipnotizado por Instagram las vacaciones de Fito Páez en Bariloche. Hermosas fotos y videos. El jueves marchó contra la Ley de Tierras y luego se unió a un dream team artístico y partieron a recorrer los lagos y la nieve. Fito, la cantante de Miranda Juliana Gattas, el artista y diseñador gráfico Alejandro Ros y Ann de la Fuente.

Ann de la Fuente no es famosa ni mediática pero siempre fue una estrella multifacética del under, del indie, de la pequeña escena electrónica experimental. Era influencer cuando todavía no existía ese concepto.

La conozco desde que llegué a Buenos Aires en el 91 y comencé a frecuentar la noche porteña en discos, recitales y eventos artísticos en general siguiendo la huella que dejaba el inolvidable Gustavo Cerati. Me la crucé mil veces sola o acompañada por genios de la elite cultural. Siempre me sentí imantado por su belleza andrógina y camaleónica a lo David Bowie. Adonde la encontraba me la chamuyaba sin demasiado éxito.

Fue inevitable recordar la ultima vez que la vi, fue en 2018 u 2019 en el negocio de ropa de Bruno de Vincenti, el primer tecladista de Miranda, músico electrónico, productor y DJ. Bruno hizo una fiesta en su local para festejar su aniversario y cayó la crema de la música pop y electrónica. Chicas que siempre amé por su belleza y talento musical como Loló Gasparini y Naila Borenztein, entre otras. Loló se hizo cargo de las bandejas y Ann servía tragos gratis en una barra improvisada.

Todo era belleza y felicidad pero no se me ocurrió mejor idea que pararme al lado de la barra y tomar 200 tragos uno atrás del otro. Ann se asustó y le hizo una seña a Bruno, que vino y me preguntó si estaba bien, si estaba todo en orden. Yo estaba borracho pero sin escándalo, me sostenía en pie y podía hablar de corrido. Siempre tuve esa resistencia demencial al alcohol que es muy peligrosa porque te sentís inmortal y te confías. Podría haber terminado muy mal pero a Dios gracias nunca me pasó nada. Me sentí muy contenido, muy cuidado, fue una escena sutil. Apareció el Rudie Martinez de Adicta y me invitó a ir a comer enfrente al Mac Donalds. Cruzamos y comimos unas hamburguesas, luego el Rudie me preguntó si estaba bien y me mandó a mi depto a dormir.

Hoy tengo 54 años, hace dos meses que no pruebo el alcohol y puedo contar todo esto con una sonrisa, recuerdos lejanos de una época hermosa y horrible a la vez.


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