A principios de 2006 comencé mi análisis con el psicoanalista lacaniano Jorge Chamorro. Venía de 5 largos años con un psiquiatra troglodita que me recetaba toneladas de medicación y me recomendaba no analizarme "porque no curan a nadie". Ese mismo psiquiatra me había diagnosticado como enfermo bipolar, una pelotudez que consiste en decir que te vas de la euforia a la depresión sin escalas. Todos somos un poco así. Pero ya descubriría yo que la psiquiatría tiene ese nivel de seriedad.
Cuando empecé la terapia con Chamorro estaba obsesionado con dos temas: el Zen y Pamela David. Chamorro es un tipo brillante y muy polémico, amado y odiado en partes iguales. Todas sus sesiones duraban 10 minutos reloj. Ni más ni menos. Así trabajaba el y hay que decir que a mi me divertía y me resultaba. En un plazo de tan solo 3 años yo pasé de delirar con famosas y estar empastillado a consumir solo una pastilla por día (trabajo sutil que hizo Chamorro con la colaboración del psicoanalista y psiquiatra Miguel Furman). También escribí y publiqué mi segundo libro y pasé de la noche a la mañana a dirigir un periódico kirchnerista en Coronel Suárez. Parecía el final feliz. Pero después se complicó.
Igual considero que el análisis fue exitoso: me bajó a un tercio la medicación y apareció el trauma de origen: mi bloqueo con las mujeres (famosas y desconocidas). Ya no era la boludez maníaco depresiva, la etiqueta marketinera: Las cartas se pusieron sobre la mesa. Apareció un problema real.
La escisión de la mente, la división esquizoide: desear conscientemente a mujeres hermosas y temerles inconscientemente sin saber porqué. Hacer un pasito pa delante y dos para atrás. Asustar a las más bellas para que se mantengan lo más lejos posible mío. Un tema tragicómico que todavía arrastro.
Continué unos años más el análisis con Chamorro pero ya sin rigor ni continuidad. De alguna manera yo lo había defraudado a el y el me había defraudado a mi. Algo se había roto.
En el período entre 2006 y 2009 mientras me analizaba con Chamorro me conecté con gente del Centro Descartes, también psicoanalistas lacanianos, que tenían un grupo de estudio sobre el Zen y me abrieron las puertas gentilmente para integrarme. A ellos los encabezaba Germán García, que tarde me enteraría yo, era como el Némesis de Chamorro. El Boca-River de los lacanianos argentos.
Con mi típico despiste pueblerino yo le hablaba a Chamorro de García y a García de Chamorro con la sutileza de un elefante en un bazar sin sospechar siquiera que se odiaban. Hasta que un día Chamorro me comunicó la situación y su malestar.
En el grupo de estudio sobre Zen del Descartes, dirigido por la psicoanalista Liliana Goya, leíamos textos teóricos sobre la cuestión y acercamientos literarios, recuerdo haber leído en ese momento "Los vagabundos del Dharma" de Kerouac, entre otros. Visto ahora a la distancia, es un intento absurdo típicamente intelectual: tratar de entender la no mente por medio de la mente. Tratar de entender la meditación sin meditar.
Recuerdo también una entrevista que le hice a Germán García, un tirabombas profesional, un provocador cultural brillante, aunque sin talento literario, que me dijo abiertamente que el había meditado en su juventud y que el satori no existía porque no lo había encontrado. Ja, tenía ganas de decirle: yo si lo encontré sin buscarlo Germán, pero me callé, el era la estrella, la autoridad.
Pasados unos años, alejado de Chamorro, comencé un análisis muy interesante con la psicoanalista Alicia Alonso, que me había recomendado Liliana Goya. Era mi "venganza" contra Chamorro, yendo con el enemigo. Para mi sorpresa y después de unos meses, Alicia me confirmó el diagnóstico de Jorge.
No había nada que hacer para arreglar la mente. O si, desconectarla. Entrar a la no mente.
Pero eso claro, va más allá de su saber y de lo que creen.
¿Cómo podría la mente reparar a la mente?
Más aún: ¿Cómo alguien que no se conoce puede sanar hablando a alguien que tampoco se conoce?
Acá se separan nuestros caminos, yo considero a la meditación el único arte, la única ciencia.
Pero de los caminos ortodoxos el que mejor me cae y más resultados me ha dado es el del psicoanálisis lacaniano.