En la década robada, entre 1991 y 2001, había un grupete del que yo formaba parte que se conocía del Club Argentino de Ajedrez. Éramos jóvenes ajedrecistas y además teníamos veleidades literarias. Me acuerdo de preguntarle a uno de estos personajones que pensaba de Roberto Arlt. El tipo me contestó: primero está mi mamá, después mi papá y después Roberto Arlt.
Así de encarnado está el mito Arlt en todos, especialmente los porteños. Cuando uno lee esas páginas oscuras, demenciales y geniales, no puede menos que sentirse un amigo, un hermano de sangre de nuestro escritor maldito. Lo dijo mejor todavía Oscar Masotta en su hermoso ensayo: Roberto Arlt, yo mismo.
Por años habité esos barrios grises, mugrientos, las pensiones decadentes, la locura a la vuelta de la esquina, todo eso lo soñó y lo creó Arlt.
"El juguete rabioso" es su estruendoso debut, una novelita sufrida y dolorida que ya es poesía desde su título y que vuelve a la adolescencia de nuestro héroe. El inventor fracasado, el ladrón de libros, el enamoradizo misógino y ambiguo sexualmente. Todo está ahí. En su momento casi nadie lo vio ni lo quiso considerar al bruto periodista que escribía con faltas porque no había terminado la primaria.
Casi nadie lo vio en ese momento excepto un tal Jorge Luis Borges. Borges nace en 1899 cerrando el Siglo Diecinueve y Arlt nace en 1900 abriendo el Siglo Veinte. Son el Ying y el Yang de la literatura argentina. Lo sublime y lo sórdido. Ricardo Piglia escribió y teorizó brillantemente sobre esto.
Es el salvaje resentido que tiene hambre y que siente que nunca va a poder levantar cabeza. Es Pre Peronismo, hay una anécdota medio dudosa del cruce entre Arlt y Evita.
Roberto Godofredo Christopersen Arlt muere de un bobazo comprensible a los 42 años y su obra es eternamente joven.
Acá en Suárez también hay algunos Arlt y recuerdo la anécdota de uno de ellos que se hizo mormón y quiso armar su árbol genealógico. Entonces consiguió el teléfono fijo de la hija de Roberto, Mirta. Cuando el mormón la llamó y le explicó lo que quería, la mina le gritó: No me alcanza para ocuparme de los vivos y quiere que me ocupe de los muertos!!!! y le cortó el teléfono.
Roberto Arlt practicó la literatura, el periodismo y la dramaturgia y dejó una obra que desangra el lado oscuro de nuestros corazones.


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