Hace rato que los cines están muriendo en el mundo pero dan pelea hasta el final. Ayer por la tardecita con toda la gente en la pileta o en el bar el único loco que se metió en el Cine Italia para ver las dos horas y media de "Marty Supreme" fui yo. Que por cierto es una gran película a pesar de lo extensa.
Por eso esta tristeza de estar solo en un cine, en esta ceremonia religiosa que ahora si parece estar muriendo cuando todos miran las plataformas digitales en donde se producen películas explicadas para los que están distraídos o miran la peli en el celular.
Cuando era un niño, además del Cine Italia también estaba el Cervantes. La pasta del domingo se compartía en familia y luego a los chicos nos llevaban al cine a ver la matinée que constaba de dos films. Mucho espagueti western con Trinity y Bud Spencer y también como canta Joaquín Sabina: juegos de manos / a la sombra de un cine de verano/ juegos de manos/ y siempre daban una de romanos.
Entrado en la adolescencia iba a ronda, la función de la tarde. Los cines ya habían entrado en una de sus tantas crisis y en el Cervantes daban las películas eróticas argentinas tipo "Atrapadas" y "Correccional de mujeres" y en la desesperación de tener espectadores nos dejaban entrar a los menores de edad a pesar de que eran películas prohibidas para menores de 18. Tremenda calentura me generaba Edda Bustamante que años después fue justamente homenajeada en una canción de Attaque 77.
Ya de grande y a fines de los noventas estrenaron en el Italia "Titanic" y como era muy larga hacían una pausa por la mitad. Quedó la anécdota del tontito del pueblo que se fue en la pausa y después le contaba a todos que la película era una mierda, que no pasaba nada, que ni siquiera se había hundido el barco.
Crecí con la idea de que el cine era bigger than life y copiaba modos y gestos de las estrellas. Hoy sé que no es más que una ilusión hermosa, tal vez la más hermosa.

