viernes, octubre 23, 2026

CONVERSACIÓN CON AIRA EN LA LEY


 


Entre enero de 2000 y enero de 2001 tuve el mejor trabajo dentro de los trabajos de mierda que tuve. Entendiendo por trabajo que te paguen por hacer algo que no te gusta ni te interesa. Estuve como telemarketer en la prestigiosa Editorial La Ley, que vende libros y seminarios para abogados y contadores.

Fue un año intenso de noches psicóticas ligeras, de sexo, drogas y música electrónica.

En La Ley me trataron muy bien y me tuvieron una paciencia infinita porque me valoraban como vendedor. En ese entonces estaba desatado, sin terapia ni contención y me encaraba a las empleadas, no esperaba a que me contestara una y ya me encaraba a otra.

Tuve un amorío que duró un mes con una border que vivía en Villa Fiorito, me iba a dormir con ella a su casa y hasta conocí la casa donde vivió el Diego.

Una tarde en que estaba en mi puesto de trabajo al pedo me puse a buscar nombres de escritores en el archivo que teníamos en la computadora de teléfonos fijos. Ya había escrito varios cuentos y tenía la intención de publicar. De repente, sorpresa total: en guía figuraba un César Aira que vivía en calle Bonorino, Flores. Tenía que ser ese César Aira. Yo había leído un librito extraordinario de el que se llama "Las curas milagrosas del Dr. Aira". Era lo más loco que había leído hasta ese entonces y no entendía como a alguien se le podía ocurrir semejante historia, había un secreto genial en ese librito que yo no podía desentrañar.

Llamé a casa de Aira, me atendió su señora y milagrosamente me pasó con el. Me identifiqué, le comenté lo del libro suyo que había leído y le pregunté como se le había ocurrido semejante historia. Me dijo que no tenía ni idea. Que simplemente escribía lo que se le venía a la mente. Le pregunté si daba talleres literarios. Me dijo que no. Luego le comenté que era suarense y como el es pringlense charlamos como dos pajueranos del sudoeste bonaerense perdidos en Capital. Me comentó que había ido a Chile de vacaciones y allí había conocido al Dr. Brodsky, de Suárez. Luego nos despedimos y cortamos. Nunca más supe de el.

En un momento me surgió una admiradora en La Ley, era una pendeja parecida a Andrea Bursten y resultó ser la sobrina nieta del dueño de La Ley. Yo no le daba pelota porque estaba obsesionado en ese momento con Erica García y porque siempre fui un resentido.

Igual tuvimos un pequeño escandalete con la chica en la fiesta de fin de año y luego me suspendieron por unos días en la Editorial: Pensé que me iban a echar pero cuando volví hablé con el jefe de personal y  mi jefa del call center. Me dijeron que solo querían que me comportara y que no se oponían a mi amorío con la heredera pero que tenía que ir respetuosamente, con cuidado y se avecinaba un futuro brillante.

Al otro día me levanté, fui al correo y mandé el telegrama de renuncia.

Que Dios se apiade de mi alma.

No hay comentarios.: