Los argentinos amamos Uruguay. Es la más hermosa provincia argentina. Nos pertenecen. Pero no se los cuentes a ellos porque nos odian. Como todos los latinoamericanos. Pero un poco nos aman también. Y nos envidian. Si pudiera iría todos los años allá, me falta mucho por recorrer del país hermano. Había ido un par de veces a los típicos destinos turísticos: Colonia, Montevideo, Punta del Este. Pero la última vez fue la mejor: fui a pasar el 31 de diciembre de 2017 a lo de Bettina y Julito.
Julito es un amigazo de Suárez, estuvo siempre de novio con la misma chica, se casó con ella y un día se divorció. Empezó a chatear con una maestra uruguaya, se vieron un par de veces y no lo pensó mucho: se fue a vivir con ella. Vendió la casa de Suárez y se repartió la guita con su ex. Y partió a una nueva vida. Cruzó el charco y nunca más volvió. Pasaron más de veinte años y nadie lo había ido a visitar. Yo tenía unos dólares y me dije: lo voy a ir a ver a Julito.
Repito: fue mi mejor experiencia uruguaya, pasar unos días con la gente de a pie que vive allá, no con los ricachones que van de vacaciones. Julito labura de sereno en un supermercado y Bettina es maestra de primaria. Viven en un terreno amplio con una casita de ella, una zona de quintas muy sui generis, con calles de tierra y animales sueltos por todos lados. Es entre las playas de Neptunia y Pinamar, playas que solo usan los uruguayos, cuando las aguas del Río de la Plata todavía no se transformaron del todo en el Océaño Atlántico.
Como decía: nos odian pero están muy pendientes de nosotros. Ven todos los canales de aire de Buenos Aires y tienen un par de canales uruguayos que me hicieron acordar a los que veíamos de Bahía Blanca en los años ochentas. En uno de esos canales vi con ellos su programa favorito: uno que contaba historias de miedo supuestamente reales y las dramatizaba. Recuerdo que en una aparecía Chilavert que se ve que andaba galgueando por Uruguay y le tiraron unos mangos para que cuente una historia inverosímil sobre una nena fantasma que se le apareció. Chilavert relataba la historia a cámara y apenas si podía aguantar la risa. Pero Julito y Bettina me insistían en que esas cosas pasaban, que probablemente había pasado de verdad.
Recordé todo esto el miércoles en la clase de guión de películas de terror cuando Santi nos explicó que es un método muy utilizado decir que la película que vamos a ver está basada en hechos reales. Todo mentira obviamente, pero funciona. Un caso muy exitoso fue el de The Blair Witch Project, una película de 1999 hecha por dos vagos con una camárita de video y dos mangos que recaudó millones de dólares. Ahí te cuentan que el video que vas a ver se encontró en un bosque y que nunca aparecieron los responsables, que los mató la bruja. En apenas un poco más de una hora se filman caminando por un bosque oscuro y el cagazo es total. La bruja nunca aparece y no hay efectos especiales ni nada. Terror puro.
El miedo a la naturaleza y a lo desconocido garpa en Suárez o en Canelones. Hablamos mucho de eso con Julito y Bettina. Me contaron muchas historias así, la que me impactó fue una que supuestamente le pasó a muchos vecinos de ellos. Cuando volvían caminando a su casa en noche cerrada de alguna fiesta y por unos segundos todo se hace de día, se ilumina y luego se vuelve a hacer de noche.
Es imposible no amar a los uruguayos.

