En 1992 estudiaba Publicidad en la UCA y además hice un par de notas para una revista que se llamaba pomposamente La Revista del Mundo, una copia barata de Hola mucho antes incluso de que existiera Caras.
Estuve cuatro meses hasta poder hacerle una nota a Juana Molina que en ese entonces era furor con su programa cómico en la televisión abierta. Cuatro largos meses en que iba una y otra vez al estudio de televisión Estrellas y me atendía la asistente cubana de Juana, Lucía. En ese ínterin que iba e iba y Juana no daba el si, empecé a salir con Lucía.
Una aventura linda y alocada.
En ese ínterin también Inés, la hermana de Juana, además actriz y cantante, la invitó a Lucía una noche a El Dorado porque iba a cantar con un grupo de gente cool entre los que estaba Diego Frenkel y otros.
Yo tenía veinte años como mucho y todavía no tomaba alcohol ni mucho menos droga. Fuimos a El Dorado con Lucía y Juana no apareció pero estaba Chunchuna, una diosa todavía hermosa, relativamente joven. Se quedó con nosotros mientras escuchábamos el recital y la emoción que me provocaba la situación hizo que me emborrachara por primera vez. Me acuerdo de piropearla a Chunchuna ante el estupor y la ira de Lucia y creo que también algo le dije a Inés.
Mis amores alcohólicos hacen que las ame a todas sin poder decidirme por una en particular.
Cuando terminó la noche Lucía me subió a un taxi y me llevó a su departamento donde dormí la mona, la primera de tantas monas que vendrían.
Me acordé de esta historia porque acaba de morir Chunchuna Villafañe modelo, actriz, militante y madraza de una familia donde todo es belleza, genialidad y honestidad intelectual.
Mi amor eterno siempre a las Molina/Villafañe.




