Las series me parecen, salvo raras excepciones, formas artísticas mediocres agrupadas en distintos capítulos, adocenadas, técnicamente impecables, equilibradas, previsibles.
Pero a veces, como hoy, se produce el raro milagro de la emoción, de las lágrimas de felicidad.
Vi los 8 capítulos de la serie "Moria" de un tirón en Netflix.
Y hay que decir que mucho del mérito corresponde a su creador y director, el para mi ignoto hasta hoy, Javier Van De Couter.
La idea es simple y formidable: Van de Couter cuenta la vida de la One al estilo Casán.
Todo vale, amoralidad absoluta. La vida como una obra de arte genial,bizarra, kitsch que recurre a la comedia, el drama, el erotismo, la ciencia ficción, la fantasía, etc.
Todo es descomunal. Hay 5 Morias: la real que oficia de narradora, su nieta Helena, su hija Sofía Gala, Griselda Siciliani y Cecilia Roth.
Las que se sacan chispas en un nivel sublime son Sofía Gala y Griselda Siciliani.
También impresiona profundamente la composición que hace Marco Antonio Caponi de Mario Castiglione, el padre de Sofía Gala.
Darlo todo sin vergüenza, no guardarse nada, arder completamente, es la característica de la vida de Moria que su biopic imita a la perfección y es también, de una forma rara, hereje, una suerte de explosión final del ego que se conoce como iluminación.




