No soy muy amante del género de terror en general ni de Mariana Enríquez en particular.
Si he leído cuentos muy bien escritos por ella. Pero de ultima esto me parece una artesanía no un arte.
Lo mismo se aplica para mi a las películas de terror, que tanto gustan en estos días.
Dicho esto, es la segunda vez que veo "La virgen de la tosquera" y cada vez me parece mejor.
La primera fue cuando se estrenó en el Gaumont, la segunda fue anoche en la Sala Bicentenario de Coronel Suárez, en el marco del Festival de Cine Internacional de la Provincia de Buenos Aires.
El hecho de ser una proyección casera en la pared en una sala chica facilitó que me siente en primera fila y disfrute en detalle de la fotografía y del sonido.
Recuerdo vagamente haber leído estos cuentos hace un par de años.
Porque la película fusiona hábilmente dos cuentos distintos de la Enriquez, el que da título a la película y "El carrito".
Primer gran acierto: el guión escrito por el notable cineasta Benjamín Naishtat ( Rojo, Puan, la inminente Glaxo) que crea todo un clima ominoso de terror suburbano a partir de dos historias distintas.
Segundo gran acierto: la directora Laura Casabé, al parecer una experta en el género (obviamente no conozco sus anteriores films) que filma preciosamente a esa adolescente en celo, diábolica y despechada, en un conurbano de plena crisis de 2001. Casabé crea terror argento con elementos bien reconocibles por todos.
Tercer gran acierto: un elenco novato y desconocido y unas locaciones de Mendoza que recrean un conurbano bonaerense temible y conocido. La bellísima y sugestiva protagonista, pero todos están muy bien incluso Dady Brieva, el único actor reconocible que acá tiene un rol secundario medio intrascendente.
En ese sentido me parece, que al revés de lo normal, la película supera a los textos que la generaron.
Tal vez en su afán por plantear demasiados conflictos a la vez la película pierde un poco de contundencia pero igual es buenísima, si no es un 10 es un 9.
Adolescentes en celo compitiendo por el galán suburbano, la intrusa, las brujerias, la marginalidad y una crisis terminal del país. La directora no solo se limita a asustar, también pinta una época y a la vez recorre ciertos tópicos socio culturales de los dos mil como el ciber, las drogas, la música, un boliche ícono.
Este film ha sido seleccionado para competir por el Premio Goya a la mejor película iberoamericana.
Se merece la nominación, y sin duda, se merece ganar el Premio.

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