Lo dice Osho, lo digo yo, aparece entrelíneas en "Nuestra Tierra" el precioso documental de Lucrecia Martel.
Los hombres originarios de esta tierra estaban ahí antes que nosotros y es verdad, no son muy ambiciosos, se conforman con disfrutar de la naturaleza y vivir en armonía con ella. Eso es ser hombres religiosos. También se les puede llamar vagos. Como más prefieras.
Pero luego llegan los invasores, los descendientes de europeos y esos están inquietos: quieren guerra, quieren explotar la naturaleza, tienen ambición. Y recurren a las trampas necesarias para cagar a los ingenuos hombres primitivos. Y si no alcanza con las argucias legales directamente recurren a la violencia.
Asesinan.
Hay una deriva típica de Martel que aparece en sus películas de ficción y también en este documental, por un momento se cuelga en detalles aparentemente intrascendentes y por unos minutos no entendemos adonde quiere llegar. Pero al ratito nomás se aclara todo: da vueltas en círculos para narrar en una historia la historia del mundo. Partiendo de lo particular llega a lo general.
En el asesinato del cacique Javier Chocobar, de la comunidad aborigen Chuschagasta en Tucumán se cifra la historia del mundo. De la Tierra entera. Esta nuestra tierra.
Se la ve madura y lúcida a la Martel, tomando una vía cuasi mística cuando antes, en sus geniales largometrajes yo desconfiaba un poquito de cierto tono cínico que se pone por encima de todo y todos.
Acá encuentra el sentido compasivo exacto. Involucrándose pero sin pedir venganza.
Incluso, cuando terminó la proyección en el Gaumoint, apareció la cineasta y respondió preguntas del público que llenaba la sala y que la aplaudió de pie.
Y allí, nuevamente, reiteró: dialoguemos con los distintos, con estos fachos, trogloditas, no vayamos al choque.
Tratemos de hacernos entender.
Ese es el camino a seguir, en el arte, la política y la religión..

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