jueves, mayo 07, 2026

AMOR/ODIO CON EL GRUPO CLARÍN


Cuando era un niño solíamos ir en las vacaciones de invierno a pasear a Buenos Aires con la familia.
Aparte de las salidas habituales, había una especial: ir a Canal 13 a ver a los artistas.
La prima de mamá, Martita Trobianni, fue por mucho tiempo la Asesora de Vestuario del Canal y nos hacía entrar cuando estaban grabando algún programa de ficción.
La que me quedó grabada fue la Araceli pendeja: una diosa.
Y ya en 1996, viviendo yo en Buenos Aires, fui solo de visita y estaban grabando el programa Sueltos, pregunté por Julieta Ortega, Martita me ofreció llamarla para charlar y me cagué todo. Allí empezaría un tragicómico ida y vuelta con Juli que sigue hasta estos días.
También lo que pasó en 1991 cuando llegué a Buenos Aires es que me tiraron el dato de otro pariente desconocido que trabajaba en la revista del diario Clarín: Jorge Auditore.
Lo conocí en el diario mismo, me llevó de visita por la redacción y hasta me arregló una entrevista con el Jefe de Personal, casi contra mi voluntad.
Fui a hablar con el tipo y me preguntó que estudiaba, cuando le dije Publicidad obviamente me miró como diciendo -sos boludo, tenés que estudiar Periodismo para venir a pedir trabajo acá- y no sabía como disculparme. Se terminó rápido la entrevista.
En 1998, brote psícótico mediante, Martita me consiguió una pasantía por un par de meses en TN. Mi rol era buscar las imágenes que ilustraban la presentación de cada nota. Horrible experiencia, no me gustaba ese trabajo, me tenía que levantar a las 5 de la mañana para llegar temprano y encima estaba empastillado. Lo único que recuerdo con placer eran los cuernitos que comprábamos en la panadería para desayunar.
También recuerdo que había interacciones con los periodistas del diario, cuando algo me gustaba o no me gustaba les escribía a su mail y algunos me contestaban. La experiencia más loca que tuve ya entrados los 2010 fue con esa periodísta política de nombre y apellido complicado: Natasha no se cuanto. No recuerdo como fue la conexión, que le dije pero la chica me invitó a la redacción y me dio un paseo mostrándome adonde laburaba.
Ahí el grupo Clarín ya se había convertido en el malo de la película y uno dudaba si transar con el mal en la batalla con el Kirchnerismo.
Pero al final ganó Clarín y hoy me parece hasta más poderoso que el Gobierno mismo.
Siempre queda hacer la gran Lanata: criticarlo hasta que te ponen una torta de guita y ahí te ponés la camiseta del Grupo.

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